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La corbata del incompetente

En muchas organizaciones no se asciende: se aprieta el nudo de la corbata.

El primer día de promoción, la corbata cae suelta. El recién ascendido escucha, pregunta, duda. El cerebro aún está bien regado: hasta ayer hacía el trabajo y sabe cómo funciona.

Pero llega el siguiente ascenso… y el nudo se ajusta.
La corbata deja de ser un complemento y se convierte en símbolo. Se habla más y se escucha menos. Total, ahora “ya se sabe”.

Con el tercer ascenso, el riego cerebral empieza a resentirse. Aparecen las frases estándar:
— “Esto siempre se ha hecho así”
— “No es el momento”
— “Lo vemos en comité”

A menos oxígeno, más certezas.

En la cúspide de la jerarquía, la corbata actúa como un auténtico torniquete. El directivo ya no decide: impone. Confunde respeto con miedo, liderazgo con control y experiencia con antigüedad. Cualquier aportación del equipo amenaza al nudo… y el nudo no se toca.

Paradójicamente, cuanto menos se comprende el trabajo real, mayor es la convicción de estar haciéndolo bien. El cerebro, mal regado, compensa con soberbia. Y así nacen decisiones estratégicas brillantes en PowerPoint e inviables en la realidad.

Desde la óptica de los RRHH, la moraleja es incómoda:
-No siempre promovemos a los más competentes, sino a los más adaptados al sistema.
-El sistema rara vez premia pensar; suele premiar alinearse.

Tal vez por eso las organizaciones funcionan mejor cuando alguien se afloja la corbata, baja al terreno y deja que el cerebro vuelva a recibir oxígeno.
O cuando, directamente, se atreve a trabajar sin ella.

Porque no es que el poder corrompa.
Es que aprieta.

¿Y tú, en tu organización, has visto cómo el ascenso afloja la mente… o cómo la corbata la aprieta?

Mikel Cuartero

Screenshot


Nos encontramos trabajando para renovar el blog. En breve, nuevos artículos y temas.
Disculpas


Avatar de Jordi CabréEl Management según Deming, por Jordi Cabré

«Los costes no son causas, son consecuencias de unas causas» 

 W. Edwards Deming
«The New Economics»     –    1994  

 

No podemos seguir cometiendo los mismos errores que cometíamos hace un siglo. Algunos errores graves tenían entonces poco impacto en la competitividad de las empresas porque eran asumidos por todos como correctos. Hoy ya no es así. No obstante continua siendo difícil quitarnos de encima creencias tan arraigadas.

Un empresario entendía hace un siglo que sus beneficios aumentarían a base de vender más caro y reducir sus costes. Vender más caro fue lo primero que se percibió que estaba limitado al aparecer la competencia. Sin competencia el precio requería una negociación y el más hábil ganaba más. Un empresario podía tener mejores habilidades de negociación y vender más caro. A medida que la competencia se ha hecho más evidente, y más en un mundo interconectado, es cada vez…

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Nota de Prensa de la DGP.

http://www.policia.es/prensa/20120607_3.html

Ignacio Cosidó ha inaugurado hoy el IV Congreso de Directores de Seguridad Privada en Madrid

«Es necesario potenciar la colaboración público-privada en un modelo integrado de seguridad»

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